El Efecto Que la Crianza Selectiva de Perros Ha Tenido Sobre Su Genoma
February 19, 2010 Añadido por: Roberto
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La crianza selectiva de perros atendiendo a rasgos físicos específicos ha dejado su huella en el genoma del perro. Unos investigadores han identificado 155 regiones en el genoma canino que parecen haber sido influidas por la crianza selectiva.

Con más de 400 razas diferentes, los perros poseen una amplia gama de formas, tamaños, estilos de pieles, y temperamentos.
Aunque la domesticación de los perros comenzó hace más de 14.000 años, se cree que la espectacular diversidad entre las razas se originó durante los últimos siglos debido a la intensa selección artificial hecha por los humanos, y a la estricta crianza llevada a cabo para lograr las características deseadas para cada raza de perro.
Joshua Akey, profesor de ciencias del genoma en la Universidad de Washington, es el autor principal de la investigación encaminada a elaborar un mapa de las regiones del genoma canino que muestren signos de selección reciente y que contengan genes que sean candidatos de interés para próximas investigaciones.
Estos genes están bajo examen con el objetivo de determinar sus posibles roles en las variaciones más visibles entre las razas de perros: Tamaño, color y textura del pelaje, comportamiento, fisiología y la estructura del esqueleto.
Los investigadores llevaron a cabo el rastreo más grande, abarcando el genoma entero, que se haya realizado hasta la fecha para buscar objetivos de la selección en perros de razas puras. Los genomas provienen de 275 perros sin parentesco, representativos de 10 razas, muy diferentes entre sí.
El estudio se ha realizado porque el genoma canino, producto de siglos de fuerte selección, contiene muchas lecciones importantes sobre la arquitectura genética de las variaciones físicas y conductuales y también sobre los mecanismos de evolución rápida y a corto plazo.
Andes: juicio contra un hombre que hacía peleas de perros clandestinas
February 19, 2010 Añadido por: Roberto
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jueves, 18 de febrero de 2010
El juicio comenzaba ayer, pero José Osvaldo Luna Reynoso, único imputado por organizar peleas de perros, no se presentó. Por eso, la jueza Dorotea Imaz, a cargo del Quinto Juzgado Correccional, ordenó a la Policía que busque al hombre para que comparezca ante la Justicia y pueda retomarse el debate.
Reynoso está acusado de violar la Ley 14.346 del Código Penal. La normativa establece la pena de prisión que va de 15 días a 1 año a quien “infringiere malos tratos o hiciere víctima de crueldad a los animales”. El caso ocurrió en setiembre de 2008, cuando al mediodía un grupo de personas participaba de una riña de perros organizada por el imputado en el barrio Juan Pablo II, de Agrelo, Luján de Cuyo.
Cuando la Policía de la comisaría 48 llegó al lugar, luego de una denuncia anónima, las personas que estaban observando la pelea -entre ellas Reynoso y su hijo-, huyeron. En ese momento dejaron al descubierto a dos perros pitt bull que estaban atacando a un labrador. Este animal había sido utilizado como cebo y estaba gravemente herido.
Al ser descubierto, Luna Reynoso ordenó a una de las perras pitt bull que atacara al auxiliar Edgar Vaquel. El policía se había acercado al sitio de los hechos para tratar de interrumpir la pelea de los canes. El animal se prendió de una de sus piernas, por lo que no tuvo otra alternativa que disparar dos balas de goma para poder apartarlo de su cuerpo.
Tras escuchar los disparos, Reynoso se acercó a los policías para increparlos y cuestionar su accionar. Así fue que reconoció que los perros eran de su propiedad y, junto con su hijo, terminó detenido. Si bien el joven fue liberado y no quedó imputado por ser menor de edad, a Reynoso se lo acusó de cometer actos de crueldad contra los animales.
La Policía llevó a Reynoso y a los tres perros a la comisaría 11 de Luján. La fiscal correccional Irma Domínguez hizo la imputación y elevó el caso al Quinto Juzgado Correccional y también ordenó medidas por el ataque que sufrió el policía.
Allí se contactaron con la Red Animalista Mendoza y la Asociación por Animales Sanos (APAS) para poder auxiliar a los animales. El veterinario John Bell fue el encargado de extraer las postas de goma de la pitt bull mayor y medicar al labrador llamado Tomy. “Sin embargo, este perro no pudo salir del estado de shock avanzado y la hipotermia que tenía. Había encontrado un hogar, porque lo iba a adoptar una auxiliar de la seccional”, contó Soledad Moretti, miembro de la Red Ambientalista Mendoza.
Además de esta asociación que defiende a los animales, ayer, en el debate suspendido, también estuvieron presentes el Movimiento Protección Animal (Moproa), la Asociación por los Animales Sanos (APAS) y la Asociación Reencuentro por la Vida Animal (Asoreva), todas organizaciones que actuarán en calidad de querellantes en el juicio.
Moretti manifestó que “lamentablemente las peleas de perros son frecuentes. También recibimos llamados en los cuales la gente denuncia que ve a personas levantar perros callejeros en camionetas, que luego son utilizados como cebo o tope para entrenar a los perros de riña”, al mismo tiempo que quiso dejar en claro que “no existen razas de perros peligrosas, sino dueños peligrosos y crueles. En general se utilizan a los pitt bull por su contextura y mandíbulas fuertes”.
Virginia Di Bari
EL OTRO HÉROE DE HAITÍ “Turco”, un perro abandonado
February 17, 2010 Añadido por: Roberto
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Abandonado por su dueño en Tarifa, este labrador estaba al borde de la muerte cuando fue recogido por unos militares. En unos meses pasó de ser un vagabundo a convertirse en el orgullo de un cuerpo de bomberos. Acaba de regresar de Haití, graduado tras salvar 18 vidas.

`Turco´ es un perro andaluz y su historia comienza, como la película de Dalí y Buñuel, con una navaja bien afilada.
En su caso, el tajo fue en el cuello. Sus dueños le extrajeron así el microchip, una práctica muy habitual entre los propietarios de los 150.000 perros que se abandonan en España cada año, tantos como víctimas humanas en el terremoto de Haití. Sin chip, no hay denuncia. El animal pierde su identidad y, casi siempre, perderá la vida. `Turco´, un labrador jovencito, quizá un regalo de Reyes, vagabundeó no se sabe cuánto tiempo por las afueras de Tarifa, en pleno verano de 2008, y acabó en un campo de maniobras. Lo recogieron unos militares que hacían ejercicios de tiro, muerto de sed, hecho un saco de huesos, lleno de pulgas y parásitos. Y con un pedruscazo en el hocico que todavía supuraba, cortesía de otro `amante´ de los animales. Turco estaba tan traumatizado que olvidó cómo se ladraba, como un niño que enmudece por los malos tratos. Un año después de su odisea, el perro seguía sin poder articular un guau.
Así fue como Turco se cruzó en la vida de Cristina Plaza Jorge, una soldado profesional de 22 años, vallisoletana, destinada en Ceuta. «Me llamaron los compañeros que lo habían rescatado. Sabían que me estaba costando adaptarme, que me sentía sola y le había dicho a todo el mundo que quería un perro. Me mandaron una foto por el móvil. Parecía pequeñito, aunque resultó ser un grandullón. Y estaba flaquísimo. Me enamoré. Crucé el Estrecho en el ferry, me fui a ver al veterinario de Algeciras donde lo habían dejado y me lo llevé a casa.»
`Turco´ se recuperó de sus heridas gracias a los mimos de Cristina. Y recobró la alegría, pues la nobleza nunca la perdió. «Es el perro más juguetón del mundo. Incansable. Lo que más le gusta es correr por la playa. Le puedes tirar un palito cien veces, que cien veces irá a por él y te lo traerá.» Vivieron juntos ocho meses felices. Ganó peso, aunque seguía sin ladrar. Una mañana cayó una tromba de agua: 160 litros por metro cuadrado. Y la casa de alquiler de Cristina, una planta baja, se inundó de tal modo que era inhabitable. «Rezumaba tanta humedad que tuve que volver al cuartel. Como allí no podía tenerlo, lo llevé a casa de mi madre en Castronuevo de Esgueva, un pueblo de Valladolid.» Allí, Turco conoció la nieve. Pero el destino le tenía reservada una nueva sorpresa. El perro rescatado de la muerte por unos soldados de buen corazón iba a tener ocasión de demostrar su generosidad y devolver el favor. Con creces.
El sobrino de una vecina, bombero del grupo de especialistas en rescates de la Junta de Castilla y León, lo vio corretear por el pueblo e intuyó enseguida que aquel chucho alegre, vivísimo, que lo olfateaba todo con la curiosidad de un detective, sin despistarse jamás, tenía madera de héroe. Pidió permiso a Cristina para hacerle una prueba. «Ya tenían a `Dopy´, un golden retriever, pero siempre andan buscando nuevos perros. No es nada fácil encontrar candidatos que superen las pruebas. Yo les dije que de acuerdo. Me costó lo mío, porque lo quiero muchísimo, pero me convenció mi madre.» Su argumento era incontestable y resultaría profético: «Imagínate, Cristina, que algún día `Turco´ salva una vida».
Cristina les puso a los bomberos tres condiciones antes de donarles a `Turco´: que no le cambiasen el nombre, que le dejasen verlo cada vez que fuera a Valladolid y que, si el perro no superaba las pruebas, se lo devolviesen. Y los avisó, además, del gran inconveniente: no ladraba. ¿Cómo se las arreglaría para alertarlos si encontraba un superviviente entre los escombros? A los quince días la llamaron por teléfono. «Tu perro ya ladra y está hecho una máquina. Cuando salimos a correr, se viene con nosotros. Y luego se va a correr con el siguiente turno. Nunca tiene bastante.» Comenzó entonces el durísimo entrenamiento de un rescatador canino en edificios y estructuras colapsadas.
| Eugenio, su adiestrador del parque de bomberos de Tordesillas, enseñó a `Turco´ el oficio. Moverse en las mil trampas de un derrumbamiento, adentrarse en la oscuridad por huecos inverosímiles, pues no basta con detectar un olor y ponerse a ladrar, un buen perro de rescate intentará seguir profundizando y encontrar un camino hasta llegar lo más cerca posible de la víctima sepultada. No son perros a los que se entregue la prenda de una persona y les sigan la pista. Distinguen el olor genérico de los humanos y son capaces de diferenciar si se trata de una persona viva o muerta. Y de discriminar entre los olores de las personas enterradas y los de las que están en superficie. Es una gran responsabilidad, porque cuando los perros terminan su trabajo y la zona se declara limpia, empieza el de las máquinas de desescombro. Deben compenetrarse con su binomio humano hasta formar un equipo eficaz. Su premio: una caricia, una golosina, un palito que mordisquear.
Completado su entrenamiento, llegó la prueba de fuego. `Turco´ y `Dopy´ volaron a Haití con un equipo de siete bomberos de los parques de Valladolid, Tordesillas y Palencia, con Francisco Rivas como jefe de expedición. Y demostraron lo que valen. Fueron nueve días de trabajo tan intensos como atroces, trabajando 16 horas diarias en condiciones inimaginables, entre réplicas del terremoto y actos de pillaje o de mera supervivencia. Participaron en 18 rescates. Cuando hay 150.000 muertos sobre el terreno, hablar de 18 finales felices es como aferrarse a un clavo ardiendo. Hasta los perros se deprimen ante la enormidad de la tragedia. Pero cada vida humana cuenta. Por eso mismo, Francisco Rivas no podrá olvidar nunca a la adolescente que tuvieron que dejar en un edificio cuando apenas faltaba media hora para desenterrarla porque los escoltas de la ONU, temerosos de verse envueltos en un tiroteo cercano, les ordenaron abandonar el salvamento y salir de allí por piernas. Pero tampoco nadie podrá olvidar el rescate del niño Redjeson Hausteen Claude, de dos años. Un milagro que dio la vuelta al mundo. El pequeño estaba entre los escombros de la vivienda familiar, abrazado a su abuelo muerto. Cuando el bombero Óscar Vega lo sacó en brazos, la familia lo rodeó y empezó a bailar alrededor, entre gritos de alegría. «Cuando lo vi por televisión, me puse a llorar y no podía parar. ¡Ése es mi `Turco´! Es lo más grande que me ha pasado en la vida», recuerda Cristina. Turco ya está de vuelta en España, mordisqueando palitos, su gran afición, jugando con `Dopy´, su compañero de fatigas. Y entrenándose diariamente para seguir salvando vidas como si tal cosa.Carlos Manuel Sánchez |
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